SANTIAGO – ¿De qué modo debería responder América Latina al enfoque de “Estados Unidos primero” que el presidente Donald Trump propugna para la economía global? He aquí una posible respuesta: estableciendo una zona de libre comercio de Las Américas sin Estados Unidos.
Desde luego que esta idea no tiene nada de nueva. Los padres de la patria de varias repúblicas latinoamericanas hablaron de ella hace doscientos años, pero nunca fue puesta en práctica.

En los años 1960, se discutió mucho sobre la integración de América Latina. Se realizaron cumbres y se suscribieron acuerdos, pero después no fue mucho lo que se avanzó en materia de libre comercio. Para la mayor parte de los países de la región, Europa o Estados Unidos continuaron siendo socios comerciales de mayor envergadura que sus vecinos.

A principios de la década de 1990, el presidente de Estados Unidos H.W. Bush propuso una grandiosa zona de libre comercio que cubriría desde Alaska a Tierra del Fuego. Estados Unidos celebró acuerdos con Canadá, México, Chile, Colombia, Perú y Centroamérica, pero el amplio y ambicioso acuerdo norte-sur nunca se materializó.
La buena noticia es que ha desaparecido la mayor parte de los factores que bloqueaban el libre comercio regional en ese entonces. Por lo tanto, hoy es un buen momento para retomar la idea que tuvo Simón Bolívar hace doscientos años.
Una de las razones por las que fracasó un acuerdo comercial que abarcara toda la región, fue que Brasil, por orgullo, se abstuvo de asistir a una fiesta cuyo anfitrión principal era Estados Unidos. Si Trump ahora se ciñe a sus promesas proteccionistas, ya no será necesario preocuparse de la rivalidad entre Estados Unidos y Brasil dentro de un mismo acuerdo de libre comercio.

 

Leer esta columna completa en Project Syndicate

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